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'Abogado, un gran oficio'. Artículo del decano, Oriol Rusca

17/01/2017
Artículo íntegro del decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB), Oriol Rusca, en respuesta al artículo publicado en la revista 'Papel' del diario 'El Mundo' el 15 de enero de 2017.
'Abogado, un gran oficio'. Artículo del decano, Oriol Rusca

La crítica es buena y siempre lo ha sido. Sin crítica es muy fácil caer en la rutina. La crítica, inseparable de la libertad de expresión, es absolutamente imprescindible porque contribuye a que la sociedad progrese. Y hay que agradecerla porque nos mantiene despiertos, vivos, con ganas de mejorar.

Hay una crítica inteligente, positiva, que tiene como finalidad efectuar alguna aportación para seguir avanzando. Pero hay también una crítica destructiva, injusta, altanera, con muchas dosis de soberbia. Que probablemente solo pretende notoriedad. Y quien sabe si surge de la propia insatisfacción y de las ganas de proyectar las propias carencias, de utilizar esa misma crítica como terapia.

Todo esto viene a colación del artículo “El peor oficio del mundo”, supuestamente literario y de ficción, firmado por Hernán Casciari, y publicado en el diario El Mundo el 15 de enero. Apunta directamente contra la línea de flotación de la abogacía, contra el “oficio de abogado” y debo decir que, personalmente, lo considero esencialmente injusto y desinformado. Me explicaré.

En primer lugar, por la generalización. Es injusta por naturaleza, ya que es más que evidente que no todos los individuos de un grupo merecen necesariamente el mismo trato. No es cierto, por supuesto, que todos los periodistas sean unos vendidos o que todos los políticos sean corruptos. Tal afirmación no sería justa para la gran mayoría de periodistas que trabajan por una información honesta y veraz o para la inmensa mayoría de políticos que sólo se mueven por razones de servicio a la ciudadanía. Quienes realizan su trabajo con ética y rigor no deben verse sometidos a una crítica que les es totalmente ajena. Considero, por otro lado, que es impropio de un profesional medianamente riguroso -y poco serio- caer en ese tipo de error de “bulto”, pero hay de todo en la viña de Señor y tampoco sería serio por mi parte encasillar a todos los periodistas por las opiniones arbitrarias vertidas por uno de ellos.
Pedir respeto para la profesión de abogado, como lo solicito también para todas las demás profesiones, es para mí un acto de justicia y de realismo.

Abogados y abogadas han contribuido directamente a muchos avances sociales, y al respeto de los derechos y de las libertades de la ciudadanía sin distinción. Muchos de ellos han dado mucho, incluso su vida, en defensa de esos derechos y libertades. Se cumplen ahora cuarenta años del asesinato de abogados en la conocida como “matanza de Atocha”, que murieron por una España libre y democrática.  Otros muchos sufrieron y lucharon por la libertad y contra la pena de muerte. Y más allá de nuestro país recordemos, por ejemplo, en Argentina, “la noche de las corbatas” (un caso que Hernán Casciari debe conocer bien) en la que la dictadura del general Videla secuestró a varios abogados y sus familiares, la madrugada del 13 de Julio de 1977 en la ciudad de La Plata.

No olvidemos tampoco que este año aún recién terminado en todo el mundo ha habido un triste balance de más de 500 abogados asesinados, sólo por defender los Derechos Humanos. Regímenes por todos conocidos, están efectuando purgas masivas de abogados, como denuncian el Observatorio Internacional de Abogados en Riesgo y Amnistía Internacional. Si los abogados hemos sido y somos víctimas es por nuestra implicación con la sociedad a la que servimos y nos debemos, no por otra cosa.

Una implicación que ahora, en la Europa democrática, se traduce en sentencias  judiciales tan trascedentes para la defensa de los ciudadanos corrientes, “de la gente de la calle”, como la de las preferentes o las cláusulas suelo. Cada año miles de abogados y abogadas defienden a millones de ciudadanos en procedimientos de todo tipo que ponen en primer plano la importancia de los derechos de las personas, entre ellos también el derecho de defensa y la presunción de inocencia.

Considero, en definitiva, que tratar a la abogacía de modo genérico como “repugnante” no sólo es injusto sino indigno. Por suerte, para el autor del artículo, muchos abogados en España y en otros países, se han jugado mucho, incluso la vida, para que exista libertad de expresión y libertad de prensa, y se puedan efectuar afirmaciones como las que comento.

Además, para que conste, la mayoría de abogados y abogadas hemos optado por este oficio porque para nosotros es el mejor del mundo.

Oriol Rusca
Decano del Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB)

* Una versión resumida de este artículo ha salido publicado en el diario 'El Mundo' del martes 17 de enero de 2017 como Carta al Director.

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